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Rogier Van de Weyden (1399-1464) “Descendimiento de la Cruz” Retrato de María Magdalena, proceso
El color y el dibujo en el Quattrocento

La idea sobre el color nos acerca al sentimiento religioso y al pensamiento de principios del Renacimiento. El color requiere una función intelectiva de la mirada, del mirar captando una serie de diferencias y cualidades de la luz que se adquieren con la experiencia detenida en la contemplación. Es un ejercicio intelectual porque requiere de una nueva conciencia del tiempo y del espacio abierta, sensible y crítica al mismo tiempo. La luz hace al ojo y, desde el ojo, el pensamiento. Percibimos la luz una dimensión que acoge el sentimiento junto al estímulo de su calor, de su movimiento, de su función simbólica que nos lleva a comparar y contrastar valores y considerar actitudes simbólicas de la Edad Media. Los colores están relacionados con las virtudes teologales; Fe, Esperanza y Caridad, son los “escalones” que conducen a la santidad con sus colores correspondientes_: blanco, verde y rojo. Los valores morales se representaban cromáticamente en la heráldica medieval. El la Orden de Chevalerie, un poema del siglo XIII describía cómo debía vestirse un caballero en su ceremonia de investidura, con una túnica blanca, que demostraba la pureza de su cuerpo, sobre la que se colocaba una capa roja que le recordaba que la sangre tenía un valor sagrado en la defensa de la Iglesia, unas medias marrones, símbolo de la tierra de donde procedía y, al finalizar la ceremonia, el cinturón que simbolizaba su castidad. El vestido guarda este carácter expresivo. Bernardo de Claraval y Pedro el Venerable juzgaban así la conveniencia del blanco o el negro para que vistiesen los monjes. El Venerable insistía que sólo el negro expresaba la humildad, la penitencia y la resignación; el blanco expresaba el júbilo y la gloria de la Transfiguración de Cristo y por ello, inadecuado para para los hábitos monacales.

Tradicionalmente se ha cuestionado el valor del color frente al valor del dibujo; la escuela Veneciana defendía que el color tenía unas cualidades superiores, y la escuela Florentina argumentaba lo contrario, que el dibujo era prioritario al color. Dibujantes y coloristas competían en destreza y poder de convicción. A principios del Quattrocento el color simbólico tomó un matiz materialista en el entorno religioso. El concepto veneciano de colore hacía referencia a un exquisito uso del pincel, esta capacidad dependía de la entonación que se lograba en la mezcla y las mezclas de los pintores venecianos, como Tiziano, eran muy complejas. Fue en el siglo XVI cuando la crítica del estilo de Tiziano polarizó el debate mayor del disegno frente al colore cuando, como maestro del dibujo se situó Miguel Ángel. Pero Miguel Ángel demostró ser un maestro igualmente del color, de inesperada fuerza y originalidad con una paleta intensamente saturada de colores puros. Así es considerado como el principal precursor de los agudos coloristas manieristas de la década de 1510 y 1520; con Andrea del Sarto, Pontormo, Bronzino y Rosso Fiorentino.

A lo largo del siglo XVI, la cuestión del disegno y el colore se fue convirtiendo en una especie de ejercicio intelectual que ha ido desarrollando multitud de disputas académicas y estudios en donde se ha valorado la cualidad del arte de la pintura como un quehacer cada vez más intelectual hasta lograr una metafísica donde el arte tiende a valorar el sentido trascendente, donde explicar la complejidad de muchos factores sensibles y perceptivos del ser humano.

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La hora de oscurecer los espacios

Tadeo Gaddi LA LUZ DEL ÁNGEL Y DE LA NUBE DESPIERTA A LOS PASTORES

Los que observan, quedan cegados por su brillo. Taddeo Gaddi recrea la experiencia de la Anunciación del Nacimiento de Jesús a los Pastores.

Es una Luz repentina que aparece, probablemente, durante la noche o en un momento de oscuridad en la vida de esos hombres (sentido espiritual de “noche”). El pintor y arquitecto nacido entre el año 1300 y 1366, tiene un estilo de pintar donde el color y la luz son los protagonistas de su obra, pues estos elementos son los que moldean y dan forma a las figuras; por la línea marcada de los contornos y la claridad de los colores que emplea. Es en esta forma de trabajar donde se asemeja a su maestro Giotto. La pintura al temple fresco determina esta cualidad del color, su luminosidad. Con el tiempo, esta afición a la luz, le condujo a una lesión ocular en 1339, dicen.

Esta escena representa la luz del ángel a modo como surge un relámpago que ilumina repentinamente el cielo en oscuridad. El ojo, al no tener tiempo para adaptarse, ve toda la escena oscurecida con blancos y grises mezclados, el color que tienen los pastores.

Taddeo quería describir la oscuridad que envuelve a los pastores antes de la aparición. Pero no una escena sólo iluminada por antorchas, sino esa oscuridad que dominaba en ese altar y donde van surgiendo los volúmenes de los cuerpos a la Luz del Santísimo Sacramento, situando por ello la pintura en un lateral del Altar.

La distancia de observación y la escala, están relacionadas con el lugar donde van a ser observadas sus pinturas, acompañando a la solemne Presencia de la Luz en Sagrario.

Taddeo empleó la luz para llamar la atención hacia los elementos de la historia y de la Liturgia y la oscuridad es la disminución de esa luz y no una cualidad de la atmósfera que la rodea. La luz ilumina “todo lo que hay que ver” que queda reflejado por la palidez de los colores del conjunto. El modelado acentúa la iluminación de los cuerpos. No tiene nada de semejante al claroscuro naturalista de Leonardo Da Vinci, para comparar.

Como arquitecto se le atribuye el diseño del Ponte Vecchio en Florencia y el Ponte Trinita, que fue destruido en el siglo XVI.

Palabra y símbolo

La Exaltación de la Santa Cruz

Evangelio (Jn 3,13-17): En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo:

«Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él».

El pensamiento de un hombre común, sin religión, ve esta imagen según el plano emocional primigenio. Y la tragedia es lo evidente. Ésta se define en la imitación de una acción grave, que provoca temor y compasión y opera una kátharsis o purificación de esas acepciones a pesar de tratar de situaciones dolorosas. Por su carácter artístico, la tragedia se convierte en un placer estético que descarga las emociones y alivia el alma, que queda purificada. Este hombre piensa: “no hay nadie tan cruel como un padre que entrega a su hijo a una muerte así” (palabras pronunciadas hoy en un hospital, una persona moribunda).

Cuando una persona busca a Dios como Padre que quiere lo mejor para su criatura vive la vida “religando” lo que ven sus ojos con lo que lee en el Testimonio de la Palabra; la Biblia. Allí, el misján[1] es la tienda del encuentro, es lo que representa nuestro cuerpo para este encuentro mágico con Dios. Y en la Lectura ve que son nuestras circunstancias personales lo que atraen el Amor de Dios a nuestro lado. Es el cómo se lo presentemos lo que hace que cese su Juicio y sea todo Misericordia y Amor. Dios “experimenta” cómo sufre su propia “imagen” y actúa para “aliviarse” a Sí mismo. El enemigo del hombre y del Amor que siente Dios por él, dispara las dudas y les SEPARA para que no se “entiendan” (principal función del Mal) creando rechazo, duda, temor,.. Cristo es el Amor de Dios encarnado para mostrar visiblemente al hombre que Dios quiere que se salve y El mismo sufre hasta el final “todo el dolor del hombre” para que nunca exista un pecador sin perdón.

Cristo muere para resucitar y mostrar ese Camino de Dios al hombre que Ame.

SOLEMNIDAD DE SAN PEDRO Y SAN PABLO

Queridos hermanos y hermanas:  

La fiesta de San Pedro y San Pablo, apóstoles, es una grata memoria de los grandes testigos de Jesucristo y, a la vez, una solemne confesión de fe en la Iglesia una, santa, católica y apostólica. 
Ante todo es una fiesta de la catolicidad. El signo de Pentecostés ―la nueva comunidad que habla en todas las lenguas y une a todos los pueblos en un único pueblo, en una familia de Dios― se ha hecho realidad. Nuestra asamblea litúrgica, en la que se encuentran reunidos obispos procedentes de todas las partes del mundo, personas de numerosas culturas y naciones, es una imagen de la familia de la Iglesia extendida por toda la tierra. Los extranjeros se han convertido en amigos; superando todos los confines, nos reconocemos hermanos. Así se ha cumplido la misión de san Pablo, que estaba convencido de ser “ministro de Cristo Jesús para con los gentiles, ejerciendo el sagrado oficio del Evangelio de Dios, para que la ofrenda de los gentiles, consagrada por el Espíritu Santo, agrade a Dios” (Rm 15, 16). 

La finalidad de la misión es una humanidad transformada en una glorificación viva de Dios, el culto verdadero que Dios espera:  este es el sentido más profundo de la catolicidad, una catolicidad que ya nos ha sido donada y hacia la cual, sin embargo, debemos avanzar siempre de nuevo.Catolicidad no sólo expresa una dimensión horizontal, la reunión de muchas personas en la unidad; también entraña una dimensión vertical:  sólo dirigiendo nuestra mirada a Dios, sólo abriéndonos a él, podemos llegar a ser realmente uno. Como san Pablo, también san Pedro vino a Roma, a la ciudad a donde confluían todos los pueblos y que, precisamente por eso, podía convertirse, antes que cualquier otra, en manifestación de la universalidad del Evangelio. Al emprender el viaje de Jerusalén a Roma, ciertamente sabía que lo guiaban las palabras de los profetas, la fe y la oración de Israel. 

En efecto, la misión hacia todo el mundo también forma parte del anuncio de la antigua alianza:  el pueblo de Israel estaba destinado a ser luz de las naciones. El gran salmo de la Pasión, el salmo 21, cuyo primer versículo “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” pronunció Jesús en la cruz, terminaba con la visión:  “Volverán al Señor de todos los confines del orbe; en su presencia se postrarán las familias de los pueblos” (Sal 21, 28). Cuando san Pedro y san Pablo vinieron a Roma, el Señor, que había iniciado ese salmo en la cruz, había resucitado; ahora se debía anunciar a todos los pueblos esa victoria de Dios, cumpliendo así la promesa con la que concluía el Salmo. 
Catolicidad significa universalidad, multiplicidad que se transforma en unidad; unidad que, a pesar de todo, sigue siendo multiplicidad. Las palabras de san Pablo sobre la universalidad de la Iglesia nos han explicado que de esta unidad forma parte la capacidad de los pueblos de superarse a sí mismos para mirar hacia el único Dios. 

El fundador de la teología católica, san Ireneo de Lyon, en el siglo II, expresó de un modo muy hermoso este vínculo entre catolicidad y unidad:  “la Iglesia recibió esta predicación y esta fe, y, extendida por toda la tierra, con esmero la custodia como si habitara en una sola familia. Conserva una misma fe, como si tuviese una sola alma y un solo corazón, y la predica, enseña y transmite con una misma voz, como si no tuviese sino una sola boca. Ciertamente, son diversas las lenguas, según las diversas regiones, pero la fuerza de la tradición es una y la misma. Las Iglesias de Alemania no creen de manera diversa, ni transmiten otra doctrina diferente de la que predican las de España, las de Francia, o las del Oriente, como las de Egipto o Libia, así como tampoco las Iglesias constituidas en el centro del mundo; sino que, así como el sol, que es una criatura de Dios, es uno y el mismo en todo el mundo, así también la luz de la predicación de la verdad brilla en todas partes e ilumina a todos los seres humanos que quieren venir al conocimiento de la verdad” (Adversus haereses, I, 10, 2). 

La unidad de los hombres en su multiplicidad ha sido posible porque Dios, el único Dios del cielo y de la tierra, se nos manifestó; porque la verdad esencial sobre nuestra vida, sobre nuestro origen y nuestro destino, se hizo visible cuando él se nos manifestó y en Jesucristo nos hizo ver su rostro, se nos reveló a sí mismo. Esta verdad sobre la esencia de nuestro ser, sobre nuestra vida y nuestra muerte, verdad que Dios hizo visible, nos une y nos convierte en hermanos. Catolicidad y unidad van juntas. Y la unidad tiene un contenido:  la fe que los Apóstoles nos transmitieron de parte de Cristo. 

Me alegra haber entregado a la Iglesia ayer en la fiesta de san Ireneo y en la víspera de la solemnidad de San Pedro y San Pablo― una nueva guía para la transmisión de la fe, que nos ayuda a conocer mejor y también a vivir mejor la fe que nos une:  el Compendio del Catecismo de la Iglesia católica. Lo que en el gran Catecismo, mediante los testimonios de los santos de todos los siglos y con las reflexiones maduradas en la teología, se presenta de manera detallada, aquí, en este libro, se encuentra recapitulado en sus contenidos esenciales, que luego se han de traducir al lenguaje diario y se han de concretar siempre de nuevo. 

El libro está estructurado en forma de diálogo, con preguntas y respuestas; catorce imágenes asociadas a los diversos campos de la fe invitan a la contemplación y a la meditación. Resumen, por decir así, de modo visible lo que la palabra desarrolla detalladamente. Al inicio está un icono de Cristo del siglo VI, que se encuentra en el monte Athos y representa a Cristo en su dignidad de Señor de la tierra, pero a la vez como heraldo del Evangelio, que lleva en la mano. “Yo soy el que soy” ―este misterioso nombre de Dios, propuesto en la antigua alianza― se halla escrito allí como su nombre propio:  todo lo que existe viene de él; él es la fuente originaria de todo ser. Y por ser único, también está siempre presente, siempre está cerca de nosotros y, al mismo tiempo, siempre nos precede, como “señal” en el camino de nuestra vida; más aún, él mismo es el camino. 

No se puede leer este libro como se lee una novela. Hace falta meditarlo con calma en cada una de sus partes, dejando que su contenido, mediante las imágenes, penetre en el alma. Espero que así sea acogido, a fin de que se convierta en una buena guía para la transmisión de la fe. 
Hemos dicho que catolicidad de la Iglesia y unidad de la Iglesia van juntas. El hecho de que ambas dimensiones se nos hagan visibles en las figuras de los santos Apóstoles nos indica ya la característica sucesiva de la Iglesia:  apostólica. ¿Qué significa? 

El Señor instituyó doce Apóstoles, como eran doce los hijos de Jacob, señalándolos de esa manera como iniciadores del pueblo de Dios, el cual, siendo ya universal, en adelante abarca a todos los pueblos. San Marcos nos dice que Jesús llamó a los Apóstoles para que “estuvieran con él y también para enviarlos” (Mc 3, 14). Casi parece una contradicción. Nosotros diríamos:  o están con él o son enviados y se ponen en camino. 

El Papa san Gregorio Magno tiene un texto acerca de los ángeles que nos puede ayudar a aclarar esa aparente contradicción. Dice que los ángeles son siempre enviados y, al mismo tiempo, están siempre en presencia de Dios, y continúa:  “Dondequiera que sean enviados, dondequiera que vayan, caminan siempre en presencia de Dios” (Homilía 34, 13). El Apocalipsis se refiere a los obispos como “ángeles” de su Iglesia; por eso, podemos hacer esta aplicación:  los Apóstoles y sus sucesores deberían estar siempre en presencia del Señor y precisamente así, dondequiera que vayan, estarán siempre en comunión con él y vivirán de esa comunión. 

La Iglesia es apostólica porque confiesa la fe de los Apóstoles y trata de vivirla. Hay una unicidad que caracteriza a los Doce llamados por el Señor, pero al mismo tiempo existe una continuidad en la misión apostólica. San Pedro, en su primera carta, se refiere a sí mismo como “co-presbítero” con los presbíteros a los que escribe (cf. 1 P 5, 1). Así expresó el principio de la sucesión apostólica:  el mismo ministerio que él había recibido del Señor prosigue ahora en la Iglesia gracias a la ordenación sacerdotal. La palabra de Dios no es sólo escrita; gracias a los testigos que el Señor, por el sacramento, insertó en el ministerio apostólico, sigue siendo palabra viva. 

Así ahora me dirijo a vosotros, queridos hermanos en el episcopado. Os saludo con afecto, juntamente con vuestros familiares y con los peregrinos de las respectivas diócesis. Estáis a punto de recibir el palio de manos del Sucesor de Pedro. Lo hemos hecho bendecir, como por el mismo san Pedro, poniéndolo junto a su tumba. Ahora es expresión de nuestra responsabilidad común ante el “Pastor supremo”, Jesucristo, del que habla san Pedro (cf. 1 P 5, 4). 

El palio es expresión de nuestra misión apostólica. Es expresión de nuestra comunión, que en el ministerio petrino tiene su garantía visible. Con la unidad, al igual que con la apostolicidad, está unido el servicio petrino, que reúne visiblemente a la Iglesia de todas las partes y de todos los tiempos, impidiéndonos de este modo a cada uno de nosotros caer en falsas autonomías, que con demasiada facilidad se transforman en particularizaciones de la Iglesia y así pueden poner en peligro su independencia. 

Con esto no queremos olvidar que el sentido de todas las funciones y los ministerios es, en el fondo, que “lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud”, de modo que crezca el cuerpo de Cristo “para construcción de sí mismo en el amor” (Ef 4, 13. 16). 

Desde esta perspectiva, saludo con afecto y gratitud a la delegación de la Iglesia ortodoxa de Constantinopla, que ha enviado el Patriarca ecuménico Bartolomé I, al que dirijo un saludo cordial. Encabezada por el metropolita Ioannis, ha venido a nuestra fiesta y participa en nuestra celebración. Aunque aún no estamos de acuerdo en la cuestión de la interpretación y el alcance del ministerio petrino, estamos juntos en la sucesión apostólica, estamos profundamente unidos unos a otros por el ministerio episcopal y por el sacramento del sacerdocio, y confesamos juntos la fe de los Apóstoles como se nos ha transmitido en la Escritura y como ha sido interpretada en los grandes concilios. 

En este momento de la historia, lleno de escepticismo y de dudas, pero también rico en deseo de Dios, reconocemos de nuevo nuestra misión común de testimoniar juntos a Cristo nuestro Señor y, sobre la base de la unidad que ya se nos ha donado, de ayudar al mundo para que crea. Y pidamos con todo nuestro corazón al Señor que nos guíe a la unidad plena, a fin de que el esplendor de la verdad, la única que puede crear la unidad, sea de nuevo visible en el mundo. 

El evangelio de este día nos habla de la confesión de san Pedro, con la que inició la Iglesia:  “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo” (Mt 16, 16). He hablado de la Iglesia una, católica yapostólica, pero no lo he hecho aún de la Iglesia santa; por eso, quisiera recordar en este momento otra confesión de Pedro, pronunciada en nombre de los Doce en la hora del gran abandono:  “Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios” (Jn 6, 69). ¿Qué significa? Jesús, en la gran oración sacerdotal, dice que se santifica por los discípulos, aludiendo al sacrificio de su muerte (cf. Jn 17, 19). De esta forma Jesús expresa implícitamente su función de verdadero Sumo Sacerdote que realiza el misterio del “Día de la reconciliación”, ya no sólo mediante ritos sustitutivos, sino en la realidad concreta de su cuerpo y su sangre. 

En el Antiguo Testamento, las palabras “el Santo de Dios” indicaban a Aarón como sumo sacerdote que tenía la misión de realizar la santificación de Israel (cf. Sal 105, 16; Si 45, 6). La confesión de Pedro en favor de Cristo, a quien llama “el Santo de Dios”, está en el contexto del discurso eucarístico, en el cual Jesús anuncia el gran Día de la reconciliación mediante la ofrenda de sí mismo en sacrificio:  “El pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo” (Jn 6, 51). 

Así, sobre el telón de fondo de esa confesión, está el misterio sacerdotal de Jesús, su sacrificio por todos nosotros. La Iglesia no es santa por sí misma, pues está compuesta de pecadores, como sabemos y vemos todos. Más bien, siempre es santificada de nuevo por el Santo de Dios, por el amor purificador de Cristo. Dios no sólo ha hablado; además, nos ha amado de una forma muy realista, nos ha amado hasta la muerte de su propio Hijo. Esto precisamente nos muestra toda la grandeza de la revelación, que en cierto modo ha infligido las heridas al corazón de Dios mismo. Así pues, cada uno de nosotros puede decir personalmente, con san Pablo:  “Yo vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Ga 2, 20). 

Pidamos al Señor que la verdad de estas palabras penetre profundamente, con su alegría y con su responsabilidad, en nuestro corazón. Pidámosle que, irradiándose desde la celebración eucarística, sea cada vez más la fuerza que transforme nuestra vida. (2005)

Papa Emérito, Benedicto XVI

31 de mayo 2012

pagina de oración personal

 

Jesús Peregrino; Pignoni: 1611-1698 Florencia

El arte nos proporciona un marco en la experiencia emocional. También es una llamada de atención para aprender a mirar en nuestro corazón y entendimiento. Hoy, el Evangelio habla de amor, del amor que Jesús nos habla es el de “dar-se”, como un “amigo” en quien Él ha puesto su confianza y a quien no va a negar nada que se pida en Su Nombre. Hoy puede ser el día que Jesús se acerque a ti, cristiano. La imagen de Jesús en este cuadro inusual de Simone nos recuerda a tantas personas que se nos acercan todos los días y en las que no reconocemos el Rostro de Dios. Con una respuesta vaga, damos paso a nuestras actividades cotidianas sin mirar el fondo de los corazones que, a veces, angustiados buscan una sonrisa nuestra, una palabra de apoyo, nuestro cariño. A veces, sólo con prestar más atención esas personas esbozan una sonrisa sincera y; “Jesús” (en su corazón) tiene más alegría para mirar el futuro y sus problemas.

Evangelio; Jn 15, 9-17

Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. 
Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. 
Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto. 
Este es mi mandamiento: Amense los unos a los otros, como yo los he amado. 
No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. 
Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. 
Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre. 
No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá. Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros.

Profecía y arte

Daniel 5, 13.El Festín de Baltasar1. Daniel 5, 13-31 es “El festín de Baltasar” del pintor Rembrandt, 1636. Óleo sobre lienzo 167 x 209 cm. Localización, The National Gallery de Londres.

MENE, TEKEL, UPHARSIN

Son las palabras que aparecieron señaladas por unos dedos que se pusieron a escribir en la pared mientras el rey Baltasar; hijo de Nabucodonosor, rey caldeo de Babilonia en el 605 a.C. al 562 a.C., celebraba un festín con las copas de oro y plata que su padre había cogido del Templo de Jerusalén y, mientras bebían de ellas vino, el rey, dice el texto, “mudó de color“. Es una señal que presenta la caida del reino en manos de Dario y que habla de la codicia y la soberbia, de los vicios del poder en manos del hombre que no entiende que el poder y la gloria pertenecen a Dios. Todos conocemos modelos que repiten esta historia, por eso sabemos que contiene una verdad inalterable. Creemos ser poseedores de la verdad cuando disfrutamos de fama o de un puesto con privilegios, nos olvidamos de los que nos rodean y ayudaron, perdemos la “memoria”. Como en el capítulo anterior (Dn 4), cuando Nabucodonosor tiene el “sueño del árbol” y, de nuevo, fue David quien lo interpretó: 

“… en medio de la tierra había un árbol de impresionante altura. El árbol creció, se hizo robusto, su copa tocaba el cielo; su expansión, los confines de la tierra… (…) De pronto bajó del cielo un vigilante…”

En ésta pintura se cuenta otro sueño, el de su hijo Baltasar:

“Entonces Daniel fué traído delante del rey. Y habló el rey, y dijo á Daniel: ¿Eres tú aquel Daniel de los hijos de la cautividad de Judá, que mi padre trajo de Judea? Yo he oído de ti que el espíritu de los dioses santos está en ti, y que en ti se halló luz, y entendimiento y mayor sabiduría. Y ahora fueron traídos delante de mí, sabios, astrólogos, que leyesen esta escritura, y me mostrasen su interpretación: pero no han podido mostrar la declaración del negocio. Yo pues he oído de ti que puedes declarar las dudas, y desatar dificultades. Si ahora pudieres leer esta escritura, y mostrarme su interpretación, serás vestido de púrpura, y collar de oro tendrás en tu cuello, y en el reino serás el tercer señor. Entonces Daniel respondió, y dijo delante del rey: Tus dones sean para ti, y tus presentes dalos á otro. La escritura yo la leeré al rey, y le mostraré la declaración. El altísimo Dios, oh rey, dió á Nabucodonosor tu padre el reino, y la grandeza, y la gloria, y la honra: Y por la grandeza que le dió, todos los pueblos, naciones, y lenguas, temblaban y temían delante de él. Los que él quería mataba, y daba vida á los que quería: engrandecía á los que quería, y á los que quería humillaba. Mas cuando su corazón se ensoberbeció, y su espíritu se endureció en altivez, fué depuesto del trono de su reino, y traspasaron de él la gloria: Y fué echado de entre los hijos de los hombres; y su corazón fué puesto con las bestias, y con los asnos monteses fué su morada. Hierba le hicieron comer, como á buey, y su cuerpo fué bañado con el rocío del cielo, hasta que conoció que el altísimo Dios se enseñorea del reino de los hombres, y que pondrá sobre él al que quisiere. Y tú, su hijo Belsasar, no has humillado tu corazón, sabiendo todo esto: Antes contra el Señor del cielo te has ensoberbecido, é hiciste traer delante de ti los vasos de su casa, y tú y tus príncipes, tus mujeres y tus concubinas, bebisteis vino en ellos: demás de esto, á dioses de plata y de oro, de metal, de hierro, de madera, y de piedra, que ni ven, ni oyen, ni saben, diste alabanza: y al Dios en cuya mano está tu vida, y cuyos son todos tus caminos, nunca honraste. Entonces de su presencia fué enviada la palma de la mano que esculpió esta escritura. Y la escritura que esculpió es: Mené, Tequel y Parsin. La declaración del negocio es: Mené: Contó Dios tu reino, y halo rematado. Tequel: Pesado has sido en balanza, y fuiste hallado falto. Parsin: Tu reino ha sido dividido y entregado a los medos y los persas. Entonces, mandándolo Belsasar, vistieron á Daniel de púrpura, y en su cuello fué puesto un collar de oro, y pregonaron de él que fuese el tercer señor en el reino. La misma noche fué muerto Belsasar, rey de los Caldeos. Y Darío de Media tomó el reino, siendo de sesenta y dos años”.

Con la humildad está la sabiduría. Dice la Carta 1 Pedro 5:5-6:

“Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, Y da gracia a los humildes. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo”. 

El agua y el espíritu

“El que cree en mí, _como dice la Escritura_, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en Él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado”. (Jn 7:37-39) 

Fuente de Granada (110x41 cm)carlos garcia roman

“Fuente de Granada”, óleo – pintura hiperrealista  

El poder del Espíritu Santo hace en el terreno de lo espiritual lo que el agua hace en el orden material. El agua purifica, refresca, apaga la sed y convierte el campo estéril en tierra fructífera. Es un símbolo de purificación de la gracia que limpia el alma y da la belleza interior. El agua es un elemento indispensable de la vida  y, el Espíritu Santo es el elemento indispensable de la vida en el Espíritu que produce ríos de santidad, y  su renovación  nos une al Hijo de Dios, ya aquí, en la tierra.

La naturaleza mantiene su equilibrio en un permanente ciclo de renovación por la condensación y las lluvias que renuevan el caudal de los ríos y el agua del mar. La ruptura de ese ciclo tiene como consecuencia la contaminación y la muerte. Por eso el agua simboliza la vida del alma humana. Eso se preserva de su destrucción en cuanto el hombre está sensibilizado a la belleza y porque distingue de un árbol sano a otro enfermo porque depende de sus frutos para sobrevivir. Eso ha hecho que el hombre actual se incline por lo “útil” frente a lo “bello” y también lo “bello” por lo “real”. Esa manera de ver las cosas ha dividido la conciencia que impone antes el deseo a la verdad y la vida de las personas.

Programación

MARZO  /08 / 2012

 Autor:

Eduardo Chicharro de Briones, 1912

“DOLOR”. Es una escena doméstica donde tres mujeres están desechas por el sufrimiento. Dos niños las observan en silencio, apesadumbrados por la pérdida de la realidad, por el llanto y, no saben qué hacer. Imaginamos que algo terrible ha ocurrido, una noticia desde el frente, la muerte de un ser muy querido, el anunció de una tragedia. El crucifijo cuelga de la pared y parece justificar el dolor que allí se vive. Pero no hay consuelo. Son mujeres y niños, inocentes; rota su vida en el momento que debían disfrutar. ¿Qué sentido hay en el sufrimiento injusto? ¿Dónde está Dios? Él está ahí, se palpa en la luz dorada que entra en la sala. Los acompaña con Su propio dolor crucificado en la inocencia. Oro y negro son los matices dominantes; la pureza, la castidad, el incienso que nos atrae a la compasión, al amor, a dejar las cosas superfluas del mundo.

Hay una belleza en esta escena que nos lleva más allá del dolor. Toda  la bondad es una experiencia de la Belleza de Dios, desde el punto de vista de la naturaleza humana, que entiende así la sabiduría de la Creación. La belleza es la manifestación de un problema de nuestra existencia, pues ella “encarna” el ideal de la experiencia de Dios en nuestra vida desde una doble relación la del creador con el contemplador y viceversa.

Lo que sucede es que es Dios mismo quien sufre, ama y abraza a sus criaturas. Necesita de ellas tanto que las abraza sin que ellas se den cuenta.

 MES DE JUNIO / 16 / 2011

EL TEMA DE ESTE MES ES LA LECTURA DE LAS ESCRITURAS A LA LUZ DE PAISAJES DEL ESPÍRITU HUMANO

 PAISAJE Y ACTITUD INTERIOR / El auge del retrato en el siglo XVII holandés hay que relacionarlo con la búsqueda de la representación de la naturaleza perceptible a través de los sentidos, es decir, el realismo, y también con la preocupación por el hombre, el humanismo. En estos cuadros vemos a los personajes con gestos muy realistas, parecen retratos actuales, aunque difícilmente hoy vemos en los cuadros ese grado de concentración, de interioridad intensa que muestran las obras de Vermeer.

 “Cristo en casa de Marta y María”, óleo sobre tabla. 1655  /  Galería Nacional de Escocia, Edimburgo.

El peso fecundo del instante, del vivir con la intensidad de cada momento, en el “hilo del tiempo”, donde hallamos el peso de la escucha atenta de Marta y María en atención a Jesús “Maestro”. Como plenitud en la intimidad intensa de ese instante que Jesús explicala Palabra, el cuadro parece “pedir” al tiempo que nos transporte ahí, junto a María y Marta. Que lo inmediato de los sentidos se prolongue en el recuerdo, que se estire hasta lo eterno. Esa sensación nos llega porque tanto el cuerpo como la materia del cuadro vive en espíritu y, en cuanto espiritual, el instante sentido es ganado y acrecentado, más que gastado y olvidado por el tiempo.

El artista holandés se relaciona así con el sentido espiritual en el tiempo eterno del recordar (re-cordare, ver con el corazón).

 ©     Dos actitudes representadas en la escena; la escucha atenta, María y la diligencia en acoger la palabra, Marta.

 ©     Cada una busca diferentes “respuestas” en su interior; el vacío interior y el entendimiento. Ambos necesarios en la búsqueda dela Sabiduría.

 ©     ¿Qué es más importante? ¿En qué medida ambas se llenan más de la presencia de Jesús? Las dos son activas, para prepararse y para escuchar, ambas actúan de alguna manera. Ambas son contemplativas porque se entregan a servir, acogerla Palabra.

El peso fecundo de cada instante crea esa tensión íntima de la fe, inmovilidad que a la vez es acción. Atentas, meditando, contemplando, escuchando lo que Jesús habla y la voz interior que enriquecen los sentidos, esta escena vive en el Tiempo con la repercusión de cada época como una perfecta felicidad del ser. Es como la maduración de la perla valiosa dentro de su concha. El acto de escuchar,.. de leer una carta, llega a ser simbólico de la felicidad del instante colmado, como si lo finito consumara todas las posibilidades de lo infinito. Es el arte de la profundización de la realidad por amor y recogimiento. Donde la misma inquietud de Marta se presta vigilante y serena. No hay nada que no se ennoblezca en esta tranquila intimidad que el pintor siente y transmite como divina eternidad. Es la manera tranquila y segura de estar lo que muestra la armonía que reina entre los personajes de la escena.

Verbum Domini; “Redescubrir adecuadamente el puesto central de la Palabra de Dios”, del Santo Padre Benedicto XVI.

Sólo Cristo es capaz de darse a sí mismo. Marta lleva el pan en una cesta, parece preparar la mesa dela Eucaristíasobre el mantel blanco. Jesús extiende la mano señalando a María que está preparada para recibir sus dones. Pero su rostro mira a Marta que no deja de llamar su atención con su disponibilidad. La blusa roja de maría puede simbolizar la divinidad compartida de la contemplación. El espíritu dela Palabra, el de la escucha y el del apóstol que pone en la mesa los dones que ha recibido; tres espíritus personificados en una escena interior, nuestro “templo íntimo”.

La estabilidad del espacio, la regularidad del tiempo en los gestos que dirigen nuestro entendimiento y la armonía entre la voluntad del hombre y las leyes que lo hacen visible.

MES DE MAYO:

El martirio de San Sebastián”, Antonio y Piero del Pallaiuolo, 1475.  Los autores de la obra El martirio de San Sebastián, vivieron en la época del Renacimiento,  periodo de la historia europea caracterizado por el interés del pasado clásico, y en el arte grecorromano. Comenzó en Italia en el siglo XIV y se difundió por el resto de Europa durante los siglos XV y XVI. El hombre renacentista entiende la antigüedad clásica como tema para formar un concepto de “hombre nuevo” y la cultura clásica actuará como modelo. Es una época en la que el hombre considera que con su sóla inteligencia y sensibilidad puede organizar todo su vivir. Por ello, se conciben grandes utopías, se escriben manuales del perfecto cortesano, se exalta la vida en contacto de la naturaleza, se plantean reformas políticas, sociales y religiosas.

 EL TEMA DE ESTE MES SERÁ EL CAMINO DEL SEGUIMIENTO. EL CAMINO DE LA SANTIDAD. ENCONTRAR LA LUZ, SER HOMBRE NUEVO.

Juan Pablo II ha sido beatificado en Roma este 1er. domingo de Mayo, Domingo de la Misericordia y dedicado a San José Obrero. También es el Día de la Madre, la Santísima Virgen, a quien amó tanto el Santo Papa.

Pedimos su intercesión y nos encomendamos a Él.  En este programa hablamos del Seguimiento, de seguir a Jesús Resucitado por el camino que nos va iluminando el Espíritu Santo, Paráclito que envió Jesús cuando se apareció a los Discípulos y a Su Madre en el Cenáculo. Tomamos las encíclicas de Juan Pablo II y las recordamos. Es en su Magisterio donde se ordena su vida al lado de Jesús, siendo Papa. Son sus Pensamientos. Para ayudar a los que estamos unidos encomendándonos a Él, insertamos un decálogo de la santidad en esta imágen del Papa; es un guión de Bienaventuranzas, escritas para unos Ejercicios por un sacerdote y fraile franciscano. Podéis descargarlo pulsando la foto. 

Escultura creada por el escultor Fernando Cruz Solís para la solicitud de enclavar una imagen de Juan Pablo II en el entorno de la Catedral de Madrid, La Almudena.

Bienaventuranzas para ser santo:

Bienaventurado si, en aquello que haces, no eres negativo:
 verás que hay muchas cosas positivas en ti.

Bienaventurado si, en lo que realizas, eres inconformista:
porque experimentarás que la mano de Dios te empuja a superarte a ti mismo. 

Bienaventurado si, en tu camino, no vives de espaldas a los demás: comprobarás que Dios te rodea con gente que te quiere.

Bienaventurado si, en lo que piensas, no buscas solamente tu beneficio personal:
alcanzarás felicidad promoviendo el bienestar de los demás.

Este ejercicio de ceder nuestra voluntad a Dios es seguido por los santos.  _Hacer lo que Dios quiere  /  Querer lo que Dios hace_

Es lo que predicaba San José María Rubio, que el domingo 4 de mayo fue canonizado por el Papa santo, Juan Pablo II el Magno. El seguimiento de Jesús, según el Padre Rubio, se entendía en hacer de la vida una “lámpara encendida”. Pos eso hoy, conmemorando su legado, pedimos su intercesión junto a la del Juan Pablo II para que estos dos santos nos ayuden a encontrar el “camino del seguimiento”, el camino de la santidad, con esa luz con la que ellos lo encontraron.

 [1]Juan Pablo II ha sido beatificado en Roma este 1er. domingo de Mayo, Domingo de la Misericordia y dedicado a San José Obrero. También es el Día de la Madre, la Santísima Virgen, a quien amó tanto el Santo Papa. Hoy nos hemos encomendado a Él.  En este programa hablamos del Camino del Seguimiento por el camino que nos va iluminando el Espíritu Santo Paráclito.

Para ello, recordamos las encíclicas de Juan Pablo II, cómo fue su Magisterio, en donde se ordena su vida siendo Papa. Estos son sus Pensamientos. Hemos puesto en web un decálogo de la santidad para recordar esta misión del Papa, que todos seamos santos. Es un guión de Bienaventuranzas, escritas para unos Ejercicios por un sacerdote y fraile franciscano. Podéis descargarlo pulsando la foto.

Bienaventuranzas para ser santo:

1. Bienaventurado si, en aquello que haces, no eres negativo:
verás que hay muchas cosas positivas en ti.

1. Bienaventurado si, en lo que realizas, eres inconformista: porque experimentarás que la mano de Dios te empuja a superarte a ti mismo.

1. Bienaventurado si, en tu camino, no vives de espaldas a los demás: comprobarás que Dios te rodea con gente que te quiere.

1. Bienaventurado si, en lo que piensas, no buscas solamente tu beneficio personal: alcanzarás felicidad promoviendo el bienestar de los demás.

Este decálogo del seguimiento se lee en las 14 Encíclicas del Papa:

  1. 1.       “La vida en la Iglesia es mucho más fuerte que los síntomas de la duda, de la separación y de la crisis”. Redemptoris hominis.
  2. 30. 11. 80: “¿Tanto tiempo ha que estoy con vosotros y no me habéis conocido? El que me ha visto a mí ha visto al Padre”. Dives in misericordia:

Dios, que « habita una luz inaccesible » habla a la vez al hombre con el lenguaje de todo el cosmos: « en efecto, desde la creación del mundo, lo invisible de Dios, su eterno poder y divinidad, son conocidos mediante las obras ».9 Este conocimiento indirecto e imperfecto, obra del entendimiento que busca a Dios por medio de las criaturas a través del mundo visible, no es aún « visión del Padre ».

  1. 14.09.81: El trabajo es una de las características que distinguen al hombre del resto de las criaturas, cuya actividad, relacionada con el mantenimiento de la vida, no puede llamarse trabajo; solamente el hombre es capaz de trabajar, solamente él puede llevarlo a cabo, llenando a la vez con el trabajo su existencia sobre la tierra. De este modo el trabajo lleva en sí un signo particular del hombre y de la humanidad, el signo de la persona activa en medio de una comunidad de personas; este signo determina su característica interior y constituye en cierto sentido su misma naturaleza. Laborem exercens.
  2. 02.06.85: Los hermanos Cirilo y Metodio, bizantinos de cultura, supieron hacerse apóstoles de los eslavos en el pleno sentido de la palabra. La separación de la patria que Dios exige a veces a los hombres elegidos, aceptada por la fe en su promesa, es siempre una misteriosa y fecunda condición para el desarrollo y el crecimiento del Pueblo de Dios en la tierra. El Señor dijo a Abrahán: « Salte de tu tierra, de tu parentela, de la casa de tu padre, para la tierra que yo te indicaré; yo te haré un gran pueblo, te bendeciré y engrandeceré tu nombre, que será una bendición ». Slavorum apostoli.

Las parábolas tienen un atractivo especial porque puede dárseles una aplicación a nuestra vida diaria. Parecen dirigirse a una situación concreta de su tiempo pero se aplican a nuestra vida de igual manera y tienen diferentes perspectivas e interpretaciones; siempre añaden algo más a nuestro crecimiento espiritual. Algunas, incluso, muestran cierta ironía o contradicción. Por ello, en este trabajo, sigo la lectura desde el contexto de la Cuaresmaque estamos viviendo y desde mi experiencia de fe con estas tres parábolas; desde la entrada en Jerusalén hasta el complot para matar a Jesús. En ellas encuentro el motivo para hablar del amor de Dios y del perdón que necesitamos sentir. Experimentar la Conversión.


[1] Escultura creada por el escultor Fernando Cruz Solís para la solicitud de enclavar una imagen de Juan Pablo II en el entorno dela Catedral de Madrid,La Almudena.

MES DE ABRIL:

La curación del ciego (1567), Dresde. Pintura del periodo veneciano realizada con la técnica del temple (método empleado en Creta). El Greco asimiló rápidamente los conceptos de la pintura veneciana.

Debió trasladarse a Venecia alrededor de 1567. Como ciudadano veneciano era natural que el joven artista continuara su formación en esa ciudad. Venecia, en aquel tiempo, era el mayor centro artístico de Italia. Allí trabajaba intensamente el genio supremo de Tiziano apurando sus últimos años de vida en medio de un reconocimiento universal. También Tintoretto, Paolo Veronese y Jacopo Bassano trabajaban en la ciudad y parece que el Greco estudió la obra de todos ellos.

La brillante y colorista pintura veneciana debió producir un fuerte impacto en el joven pintor, formado hasta entonces en la técnica artesana y rutinaria de Creta.El Greco no hizo como otros artistas cretenses que se habían trasladado a Venecia, los madoneros, pintando al estilo bizantino con elementos italianos. Desde el principio asumió y pintó con el nuevo lenguaje pictórico aprendido en Venecia, convirtiéndose en un pintor veneciano. Posiblemente pudo aprender en el taller de Tiziano los secretos de la pintura veneciana, tan diferentes de la bizantina: los fondos arquitectónicos que dan profundidad a las composiciones, el dibujo, el color naturalista y la forma de iluminar procedente de focos determinados.

Entre las obras más conocidas de su periodo veneciano se encuentra la Curación del nacido ciego (Gemäldegalerie, Dresde), en la que se percibe la influencia de Tiziano en el tratamiento del color y la de Tintoretto en la composición de figuras y la utilización del espacio.

 Video en la imágen

José de Ribera / Calvario

Exposición de las piezas de la muestra podrían caer dentro de los resbaladizos márgenes de lo nunca visto. Son 32 obras de juventud del gran pintor del siglo de Oro, solo una de ellas es propiedad del Prado y la mayor parte ha acabado atribuida al pincel del artista recientemente.